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La pesca artesanal en Quintana Roo enfrenta retos por infraestructura y turismo

El crecimiento de infraestructura y actividades recreativas en Quintana Roo altera los ecosistemas marinos, impactando directamente la productividad de los pescadores artesanales locales.

Redacción El Foco Rojo
Foto: eleconomista.com.mx

La actividad pesquera artesanal en las costas de Quintana Roo atraviesa un periodo de incertidumbre ante la creciente presión por el desarrollo de infraestructura turística y el aumento de actividades recreativas. En los últimos meses, cooperativas de pescadores han reportado una disminución notable en la captura de especies tradicionales, señalando que las alteraciones en los ecosistemas costeros y la degradación de zonas de manglar han comenzado a afectar sus medios de subsistencia.

Especialistas en temas ambientales y representantes del sector pesquero coinciden en que la fragmentación de los hábitats marinos, provocada por construcciones en la línea de costa, está desplazando a las poblaciones de peces. A esto se suma el incremento del tráfico marítimo recreativo, que genera contaminación acústica y física, factores que históricamente habían permitido la regeneración natural de los bancos de peces en las aguas del Caribe mexicano.

Ante esta problemática, diversas voces del sector han solicitado a las autoridades de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) una revisión exhaustiva de los permisos de obra. La propuesta central de las organizaciones pesqueras es establecer zonas de veda permanente en áreas críticas de desove y una regulación más estricta para las embarcaciones de recreo que operan en las cercanías de los arrecifes.

Por su parte, se prevé que las autoridades locales busquen mesas de diálogo para armonizar el desarrollo turístico con la preservación de los recursos naturales. La intención de estos espacios sería explorar esquemas de compensación o proyectos de acuicultura sostenible que permitan a los pescadores diversificar sus ingresos sin abandonar la actividad extractiva tradicional, bajo un esquema de mayor vigilancia ambiental.

El futuro del sector depende de la capacidad institucional para equilibrar los intereses económicos derivados del turismo con la protección de la biodiversidad. Mientras tanto, las comunidades pesqueras mantienen una postura vigilante, exigiendo que las políticas públicas prioricen la sustentabilidad a largo plazo sobre los beneficios inmediatos que genera la expansión inmobiliaria y turística en el estado.

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